Editorial



EL REEMPLAZO DE LA OLIGARQUÍA:


Superado el conflicto interno con la diputada Claudia Yáñez, el partido Morena sigue siendo rehén de la miopía de sus dirigentes. Esa condición queda manifiesta en la incapacidad para lograr acuerdos entre los grupos que se disputan el resto de las candidaturas. Cada distrito y municipio aporta ya una historia conflictiva que mina las expectativas del proyecto de cambio. Y aunque la inconformidad es una expresión inherente a la democracia, lo cuestionable en este caso es que se recurra al manual del viejo régimen para resolver las mal llamadas “indisciplinas”.


Se puede entender que la cosmovisión de todos los actores políticos refleje en algún momento conductas típicas de quienes dominaron uno de los periodos más antidemocráticos de la historia moderna, mas esa excusa cultural no debe aplicar a quienes están obligados a cambiar de paradigma. La realidad es que la reproducción de patrones se aprecia en cualquier orden: las mismas frases, las mismas poses, la misma publicidad encubierta, los mismos restaurantes, el mismo estilo de vida… ¿la misma concepción del poder? El cambio debe ser de fondo, no solo de forma y éste comienza desde el interior. Erradicar las prácticas de simulación implementadas por el PRI en los casi 90 años de gobernar el estado, es lo que la gente espera. Por eso, es importante que antes de culminar su proceso, los dirigentes de Morena replanteen su verdadero objetivo: transformar al estado o simplemente sustituir a la oligarquía actual.



ALTERNANCIA VS TRANSICIÓN:


Más que venganza el electorado reclamará justicia el próximo 6 de junio, y para llevar a cabo ese propósito es necesario que Morena, como principal agente de cambio, enliste a sus mejores cuadros, sobre todo a quienes garanticen capacidad y convicción en una lucha que no será tan sencilla como parece. De otro modo, lo más que se puede esperar es la alternancia partidista, un concepto muy diferente al significado de transición.

Entre infiltrados y la inexperiencia de algunos cuadros se dilapidaron tres años valiosos para cimentar la democracia. Qué más prueba a la vista que la pérdida del poder legislativo como consecuencia de la corrupción de unos, pero también por la incapacidad de otros. Si es que en realidad quieren corregir los errores, primero deben analizar la elección de 2018 desde la perspectiva de un modelo fallido.

NO REBASAR POR LA DERECHA:



Por lo visto en Morena se tomaron muy en serio eso de controlar el padrón de la militancia para garantizar la lealtad de los candidatos. La interrogante aquí es saber si fue con la finalidad de respetar los postulados lopezobradoristas o los intereses de algún actor en especial. Una probable respuesta la ofrece la generosa cuota política de Mario Delgado. Bajo la lógica de un presidencialismo arcaico, hay todavía quienes compran la idea de que es mal visto que el dirigente nacional de Morena no obtenga representación en los poderes de su estado natal. Pero más allá de la simbología política, lo preocupante para el proyecto de la 4T es que sus pocas referencias locales están asociadas al grupo en el poder a través de su tío Héctor Michel Camarena y de su compañero de estudios José Ignacio Peralta Sánchez.


El caso más emblemático de este criterio de discriminación política es el de la presidenta municipal Griselda Martínez, no sólo porque gobierna con altos niveles de aprobación el municipio más habitado y (financieramente) más importante del estado, sino porque su participación en la encuesta para la gubernatura le dio legitimidad a un proceso que intentaron sabotear los más sombríos personajes del Tumor.


La nula consideración a su papel político ha despertado la justificada inquietud de aquellos aspirantes que, además de carecer de una estructura administrativa, no cuentan ni con el aval de Mario Delgado ni con la simpatía de la propia candidata. No son pocos los que se encuentran atentos a la reacción de Griselda para hacer lo propio en sus respectivos casos. Por su dimensión política, la alcaldesa se ha vuelto un referente obligado para sacar conclusiones de este proceso. Morena enviaría una pésima señal si no reconoce la administración más destacada y representativa de la 4T en el estado.


LA RIVAL MÁS DÉBIL:


Indira Vizcaíno debe despejar las dudas sobre la supuesta rivalidad que guarda con la alcaldesa porteña. Es natural que al calor de las campañas se magnifiquen las diferencias estiladas en los mentideros políticos, pero los rumores sobre la supuesta predilección por la diputada federal Rosy Bayardo para competir por Manzanillo, es un tema que ha trascendido a su propio partido y cobra fuerza por la aportación electoral de este municipio. Mientras el resto de candidatos enfoca sus baterías en aspectos orientados a su promoción personal, en Morena este tipo de indefiniciones aún son una carga y el acto desarrollado ayer en Manzanillo es un ejemplo de ello.

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