Entrevista Alfonso Durazo Montaño

Entrevistado para la emisión radiofónica Proyecto Puente, el ex secretario privado de Luis Donaldo Colosio Murrieta, Alfonso Durazo Montaño criticó la desviación ideológica del Partido Revolucionario Institucional al calificarlo como “un partido de corte neoliberal y totalmente autoritario” en donde la unanimidad es la “regla general”. El ahora integrante de MORENA y propuesto por Andrés Manuel López Obrador para el cargo de Secretario de Seguridad Pública federal en caso de ganar las elecciones, no reparó en establecer una comparación entre el PRI que comenzó a reformar el propio Colosio al frente del Comité Ejecutivo Nacional y la versión que la dirigencia proyecta en la actualidad: Hoy es “un partido de corte neoliberal y totalmente autoritario, donde hay asambleas de 4000 asistentes, donde nadie discute nada, donde nadie modifica absolutamente nada y donde la unanimidad es la regla”. “Cada año, con el asesinato de Luis Donaldo -agregó-, pretenden hacer creer a los mexicanos que, efectivamente, están en alguna medida apegados a ese ideario político y social de Luis Donaldo, que buscaba combatir la corrupción, que buscaba democratizar la disputa y el ejercicio del poder público, pero francamente el PRI está muy lejos de eso. Ojalá que el PRI estuviese en la línea de actuación de Luis Donaldo. Ojalá que el PRI tuviese un Colosio, y en ese sentido no importaría -en lo personal- que triunfara en la contienda presidencial, aunque nosotros perdiéramos, porque el país quedaría en buenas manos. Ojalá el PAN tuviera un Maquío; ojalá el PRD tuviese a un Heberto Castillo, pero lamentablemente no los tienen. Si fuera el caso y triunfara alguno de ellos en la contienda presidencial, para mí sería un triunfo mucho más que bienvenido, porque con la independencia de partidos políticos el país quedaría en buenas manos. Lamentablemente no es el caso y quien está más distante de esa posibilidad, de tener a un Colosio, es el PRI”.

A 24 años del asesinato de quien fuera su jefe político, Alfonso Durazo narró al entrevistador su propia visión sobre el magnicidio que cimbró a la nación entera en el ya lejano marzo de 1994 y de cuyas conclusiones oficiales refuta con indignación: “En aquel tiempo la posición mía era que el crimen se había dado en el contexto de la lucha por el poder presidencial y consecuentemente debía haber un autor intelectual; yo no tengo elementos ni objetivos ni subjetivos para señalar en lo particular a alguien, pero sí puedo decir con elementos subjetivos y objetivos que ese crimen fue fraguado desde el poder o en los alrededores del poder… cualquier cosa que esto signifique; me refiero al poder presidencial, al poder de Los Pinos, y me refiero al círculo del poder de 1994”. Para Durazo, el atentado a Luis Donaldo representó un parteaguas en la historia moderna del país no sólo por la magnitud del crimen, sino por el daño colateral que desencadenó: “Se llegó al asesinato para disputar el poder presidencial; eso es lo más grave, porque a partir de ahí inicia un proceso de deterioro en todos los ámbitos de la vida pública, particularmente lo que tiene que ver con corrupción, impunidad y violencia”. Convencido de la teoría de la conspiración, se resiste a admitir la versión oficial que definió a Mario Aburto como el único responsable de aquel homicidio: “En el caso Colosio hubo invariablemente el intento oficial por dotar de contenido a la conclusión previamente tomada del asesino solitario, que facilitaba la continuidad del sistema político. No hay prácticamente en el país, salvo su promotor, una voz que lo avale, que acepte las pruebas, el razonamiento jurídico”. Y quien cerró finalmente la investigación -precisó Durazo Montaño- es Luis Raúl Domínguez, el actual titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. “A las nuevas generaciones no les tocó el asesinato de Luis Donaldo, pero creo que es una herida que permanece en la conciencia nacional. Lastimó por igual a priistas, panistas, perredistas, a ciudadanos sin militancia. La indignación nacional trascendió el espacio político, trascendió a los partidos porque representaba el asesinato de un candidato presidencial que estaba buscando representar a los mexicanos desde el poder; todos esos elementos llevaron a una indignación social. Además, Luis Donaldo había acreditado en su vida una trayectoria comprometida, sana, sin hechos oscuros, así fue en su vida pública, en su vida política, en su vida administrativa, no obstante haber participado en un sexenio que en ese entonces se calificaba como la cima de la corrupción”

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