Editorial



LA PARODIA DE LA CARGADA:

La diputada Rosa María Bayardo Cabrera aprovecha su cercanía con Indira Vizcaíno para crear un ambiente favorable a sus intereses personales y transmitir con mayor nitidez el mensaje de que ella es quien será ungida como candidata a la presidencia municipal de Manzanillo, algo lógico si consideramos que la legisladora no cuenta con un capital propio.

Su caso se inscribe entre esas ironías que ofrece la disputa del poder: por un lado, una congresista federal como ella requiere de una vitrina ajena para salir del anonimato, mientras que un regidor (derrotado en 2018 por su actual adversaria) está instalado como flamante candidato a la gubernatura.

No contemplan los asesores de Rosa María que el ritual cortesano (de tanto significado en la cultura priista) es algo que pretende combatir el movimiento de la 4T porque denota cualquier formato de transmisión de poder menos el democrático. Más allá de eso, lo que convierte esta trama política en una parodia de la “cargada” oficial es que, a diferencia del PRI, ¡Morena no tiene base! Esta es una de las razones por las que el Movimiento de Regeneración Nacional recurre a la metodología de las encuestas.

Una cosa es la burocracia partidista con la cual López Obrador cubrió los requisitos formales ante el INE, y otra muy distinta la fuerza popular que logró construir desde la plaza pública. No existe en ese sentido un registro nominal que concentre el capital electoral de Morena porque su alcance trasciende su propia geometría partidista.

Hay que recordar que en la pasada elección diversas expresiones convergieron en las urnas para respaldar la propuesta de un cambio profundo. A casi tres años de distancia, la ciudadanía permanece atenta a las conductas públicas de la nueva clase política y lo que menos espera es la reproducción de los mismos patrones que distorsionaron la mística del servicio público. Bayardo aún no es candidata, pero ya actúa como tal y eso resta credibilidad a un proceso cuyo desenlace puede repercutir en un espectro mucho más amplio.


MANO A MANO:

Si para ubicar en su justa dimensión política a Griselda Martínez se hiciera un ejercicio comparativo entre las administraciones de los municipios más importantes, la gestión de la alcaldesa porteña superaría por mucho el legado de Leoncio Morán. Fuera del negocio de las luminarias, la obra pública de El Diablo se resume en el embellecimiento de camellones y la rehabilitación del sello asfáltico en algunos puntos de la capital.

En cambio, con una extensa obra pública y un notable incremento en el patrimonio vehicular para la atención de los servicios públicos, la manzanillense demostró que sin corrupción es posible hacer frente a los recortes presupuestales. Su combate en este sentido no deja lugar a dudas. El costo: estar lejos de su familia al ser un blanco permanente tras su fallido atentado.

En lo que respecta a la competitividad electoral vale recordar que hace tres años Griselda Martínez derrotó en las urnas a uno de los actuales candidatos y junto con él, ese mito caciquil de los conversos ecologistas en el segundo distrito. Aunque como todos los candidatos (sin excepción) se benefició en las urnas por el efecto López Obrador, también es verdad que Martínez contribuyó con lo que le correspondía. Hubo casos muy sonados como los de Colima, Villa de Álvarez, Cuauhtémoc, Comala, Minatitlán y Coquimatlán, en donde el arrastre del tabasqueño no fue suficiente para obtener la victoria.

No era fácil disputar el poder a los grupos radicados en el puerto. Virgilio, Nabor Ochoa y Martha Sosa son personajes que cuentan con un peso específico propio, pero con su triunfo en 2018, Griselda no sólo se convirtió en una figura candidateable a cualquier cargo, sino que de paso descarriló el proyecto de dos aspirantes naturales al gobierno del estado. Ni Mendoza Amezcua ni Sosa Govea pudieron construir una base sólida desde la endeble plataforma de sus regidurías y eso en gran medida es atribuible a Martínez.


QUE NO SALGA:


Entonces, si Griselda cuenta con elementos administrativos y políticos con los que, incluso, supera a dos de los actuales candidatos a gobernador, no existe una lectura política que justifique por qué en un proceso interno municipal la cúpula de su propio partido opere para cerrarle el paso.

La obstrucción a su proyecto de reelección es evidente e incluye maniobras de todo tipo: desde llamadas de la Ciudad de México para conminar a su declinación, hasta solicitudes con los altos mandos de la milicia naval para el retiro de su escolta. Concretamente, quieren impedir que Griselda salga a la calle.

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