Editorial


EL NUEVO PRI:


Regresó Arnoldo Ochoa González al PRI estatal. Y su repatriación tiene al menos dos objetivos: provocar a los panistas y a lo que queda del perredismo, para forzar una ruptura con los aliados electorales del tricolor; y desconocer como jefe político a Ignacio Peralta, especialmente a la hora de la definición de las plurinominales en el Congreso local.

La cúpula del viejo PRI anticipa un escenario electoral tan desastroso que el gobernador Peralta terminará de perder su autoridad política. En ese sentido, Fernando Moreno y Arnoldo Ochoa se asumen como la última trinchera del PRI, mas no para preservar la unidad del partido sino para proteger sus intereses personales.


El asalto al comité directivo estatal se acompañó de una descarga de artillería contra José Manuel Romero Coello. En las páginas del periódico del Gobernador acusaron al dirigente saliente de ser responsable de la desgracia del partido. Pero Arnoldo Ochoa, el nuevo líder estatal, ha contribuido como pocos a esa debacle.


Aunque AOG viene saliendo del comité ejecutivo nacional, a donde fue invitado para que el gobernador Ignacio Peralta pudiera sacarlo de su gabinete, su anterior gestión partidista a nivel local fue desastrosa. Como coordinador de la campaña de Peralta Sánchez, Arnoldo tuvo que ser sustituido por la hoy precandidata a la gubernatura Mely Romero, cuando ya era evidente que la viabilidad de triunfo de Nacho estaba comprometida. Al final, habiendo arrancado con una ventaja considerable en la intención del voto, JIPS terminó ganando por un escaso margen. Esa elección, por cierto, fue anulada debido a las graves irregularidades que se presentaron. Y le tocó conducir la campaña extraordinaria a José Manuel Romero Coello, el mismo al que ahora Arnoldo Ochoa suplantó de una manera tan desaseada como dirigente estatal.

POLÍTICA AUTORITARIA:



Para hacer verosímil la necesidad de su regreso a la estructura priista, la propaganda oficialista ha querido reestructurar la imagen de Arnoldo Ochoa describiéndolo como uno de los grandes señores del PRI, como un político de Estado. Sin embargo, su proceder está asociado al estilo más rancio de la política autoritaria.


El cortés aplauso con el que los consejeros políticos del PRI estatal recibieron a su nuevo presidente, no se compara con la aclamación que generó cuando Alejandro Moreno anunció que se llevaría al Güero Ochoa al CEN. Con el nuevo presidente, el priismo colimense prolonga la secuencia de liderazgos burocráticos con quienes las bases no se identifican: Kike Rojas también llegó siguiendo el orden de prelación, José Manuel Romero ni siquiera se había inscrito cuando publicaron que sería el próximo presidente del partido, dando por hecho que el proceso era una mera simulación, y Arnoldo Ochoa asumió la dirigencia mediante el desgastado artificio de entrar con una cartera menor y subir en el organigrama por corrimiento.

En una democracia moderna, lucen primitivos esos típicos procedimientos priistas. Los colimenses conocemos las trayectorias de los personajes que dicen representar al nuevo PRI, y saben que "chango viejo no aprende maroma nueva".


Nadie espera que Arnoldo Ochoa cambie su modus operandi. Desde 2002, cuando en uno de sus regresos a Colima fungió como delegado especial del CEN en la entidad, fue responsable de uno de los procesos internos más grotescos de la simulada democracia priista. Tras esas primarias, el priismo quedó fracturado. Un par de los cuadros que contendieron por la candidatura al gobierno estatal, se fueron al PRD. Y no es casualidad que no hayan vuelto a celebrarse elecciones internas.

EL BRAZO EJECUTOR:


Renegando del papel de Ignacio Peralta como jefe nato, los priistas pretenden resolver nuevas problemáticas de participación con viejas fórmulas de organización y movilización. La vigencia de tan vieja escuela política debe poner en alerta a Morena. Y, del arribo de Ochoa González a la dirigencia, sólo cabe esperar una escalada en la campaña negra contra los candidatos del lopezobradorismo, centrada en Indira Vizcaíno. La abanderada de la 4T tendrá que aprender a defenderse mejor e incluso a capitalizar su victimización.


El perfil de Arnoldo Ochoa no es de negociación sino de confrontación. La sociedad colimense tiene muy presentes los modos del apodado profesor, y esa imagen tenebrosa no se la van a limpiar al Güero por muchas primeras planas que le dedique el periódico del Gobernador. Para AOG, hasta moverse es complicado. Como ocurre con el exgobernador Fernando Moreno, no puede desplazarse sin escoltas. Son personajes cuya presencia en actos públicos supone un alto riesgo para la concurrencia y no se debe precisamente a su capacidad conciliatoria.


El nuevo dirigente del tricolor hizo un llamado a la unidad partidista, que sólo puede entenderse como una convocatoria en contra de Nacho Peralta. Para los políticos como AOG, la unidad se define como pensamiento único, como una forma de disciplinar a la militancia en torno a los privilegios de la cúpula. La unanimidad forzada ha sido la regla en el Partido Revolucionario Institucional.

El mensaje que están mandando el PRI es muy claro: van a arreciar las campañas negras y Arnoldo Ochoa es el brazo represor. No viene a desplegar una estrategia de unificación de las corrientes sociales en contra de la 4T, sino a calentar el ambiente político.


No olvidemos que lo que impidió a Nacho Peralta establecer acuerdos sociales, además de sus constantes ausencias, fue la actuación de Arnoldo Ochoa como secretario general de Gobierno. Su estilo personal de dirigir no anticipa un debate sereno y maduro de los proyectos de desarrollo que se ofrecerán a los electores el 6 de junio, al contrario. Pero el saldo de la violencia discursiva y de los eventuales enfrentamientos físicos, lo pagarán los candidatos del PRI.

PARTEN Y REPARTEN:


El apresurado despido de Romero Coello, quien había confirmado extraoficialmente que se quedaría por lo menos una semana, revela la disputa que se está dando en el PRI por los espacios plurinominales. A José Manuel lo están dejando fuera del reparto de diputaciones de representación proporcional en el Congreso local. Tanto Arnoldo Ochoa como Fernando Moreno le van a arrebatar esas posiciones plurinominales a Ignacio Peralta. Saben que el proyecto de la gubernatura está perdido, pero buscarán quedarse con el hueso. Les interesa sobre todo manejar las campañas que, para algunos, han sido un gran negocio.


Con una animadversión que, como el pleito con Nacho Peralta, podría ser fingida, en el periódico del Gobernador le atribuyen a Romero Coello la ruina del PRI. Y, ciertamente, como parte del gabinete ampliado de Enrique Peña Nieto contribuyó a ello.

Quien fuera director del Instituto Mexicano de la Juventud (cargo en el que le dieron permiso de venir a Colima a sacar la campaña extraordinaria de Peralta) no dudó en adoptar como madrina política a Rosario Robles, la exsecretaria de Estado que encarna los excesos de uno de los gobiernos de la república más corruptos de la historia, el de Peña Nieto. Pero también la carrera política local de José Manuel está asociada al grupo político que ahora lo cuestiona. Aunque fue brutal la andanada de descalificaciones en el diario, parecen indisolubles los vínculos de Romero Coello con el grupo que ha estado ocupando posiciones de poder desde 1997.


Es difícil comprar la historia de una ruptura real, por mucho que se hayan esforzado en hacerla creíble diciendo que el CEN impuso a Romero Coello como dirigente contra la voluntad del Gobernador. El comité nacional de un partido que ya no ostenta el gobierno federal no impone dirigentes locales, porque no tiene dinero para pagarlos. Quien se hace cargo de los gastos del priismo es el gobernador en turno, aunque el de Colima sea tacaño. Quizá lo que están buscando con esta historia de la ruptura es proteger la carrera política de Romero Coello, con miras a la sucesión de… 2027.

MEJOR SOLOS QUE...


La llegada de Arnoldo Ochoa al PRI plantea un escenario distinto en el contexto de la ruptura de las alianzas. La nueva dirigencia del tricolor podría reconfigurar la postura de ese partido frente al PAN. El mismo día en que el periódico oficial cuestionó a Romero Coello, apareció una encuesta en la que Mely Romero le saca siete puntos de ventaja a Martha Sosa. Considerando que la empresa que elaboró el sondeo es Proyecta, la nota huele más a una provocación. A la precandidata panista la mandaron al tercer lugar, en una medición donde Indira Vizcaíno conserva el primero, porque el propósito de la encuesta es alentar a las bases priistas.


Descalificar a Martha Sosa como una competidora seria, ayudará por lo demás a justificar la mala operación política cuando se rompa la alianza. Los dirigentes priistas dirán que no podían sumarse a la candidatura de la exalcaldesa porteña, si Mely estaba arriba en las preferencias. En su discurso de posesión, Arnoldo Ochoa enfatizó que los priistas están dispuestos a respetar los acuerdos, pero sabe que la militancia no los acepta. A estas alturas, aun metiendo sus propios candidatos en las posiciones que le cedieron al PAN, difícilmente podrán retener a sus antiguos simpatizantes.


En el caso de una ruptura con el PAN, curiosamente, el PRI quedaría liberado del candado de género que le impide a Fernando Moreno Peña ser candidato a la presidencia municipal de Colima.

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