Editorial



QUINTO AÑO:


Pese a los esfuerzos de José Ignacio Peralta Sánchez por mejorar su imagen de cara a las elecciones, en el mismo recuento de logros que hace la publicidad oficial con motivo de sus cinco años de gobierno, se encuentran sus principales debilidades como mandatario: escasa obra pública, inconclusa en todo caso e injustificable en el contexto de una crisis sanitaria y económica. Esta última no inició con la pandemia sino viene del arranque mismo de la administración.

Todos los proyectos de infraestructura de los que sigue hablando por tercer o cuarto año, acusan una serie de anomalías, deficiencias y retrasos atribuibles a la corrupción. Los casos más escandalosos de este entramado de costos inflados y sobrefacturados se quedaron en algún punto de la bitácora. No se han terminado pese a que el gobierno federal programó y liberó los recursos a tiempo y en los montos que fueron presupuestados.

Mediante un golpe a la soberanía popular, el gobierno de JIPS solicitó un crédito para terminar esos proyectos, pero sigue sin explicar qué hizo los fondos ya entregados por la Federación para obras como el parque ecológico La Campana, los terrenos de la antigua zona militar, el C-5 o el Palacio de Gobierno.

La estrategia de comunicación social para publicitar estos proyectos ha sido fallida y costosa, no sólo por el dinero erogado sino por los malos resultados. El carrusel de entrevistas muestra a un gobernante apático y a periodistas desinteresados en lo que el Ejecutivo tiene que informar, porque el guion resulta repetitivo.

En esta campaña para hablar de obras que no muestran avances significativos, donde se anuncia lo que se piensa hacer y no se informa lo que ya se hizo, Ignacio Peralta elude la responsabilidad de abordar los problemas más sentidos por la población, empezando por la inseguridad y la parálisis de la economía.

No hay un estudio que muestre si bajaron las cifras de homicidios dolosos ni los feminicidios. En estos rubros Colima ha seguido ocupando los primeros lugares a nivel nacional. El silencio es la norma, omitir mencionar el problema habla de cuán delicada es la situación.

Proporcional al número de habitantes, pero también en la contabilidad de asesinatos, Colima es una entidad sumamente violenta. No obstante, nada hay en el discurso oficial que revele preocupación de las autoridades ni, mucho menos, una estrategia para pacificar al estado.

Volver a la tranquilidad del tiempo pasado fue la propuesta electoral del entonces candidato priista. Pero casi al término de su gestión, en un territorio donde un delito mayor era la noticia del año, ya nos acostumbramos a que haya más de 10 muertos por día, y considerando sólo los que se reportan oficialmente.

LOS POBRES RESULTADOS...



La verdad es que no hay nada (positivo) qué informar. No sabemos qué resultados arrojan las políticas de fomento económico, turismo o desarrollo rural. El campo colimense, particularmente, está completamente abandonado.

Y así como, a falta de proyectos nuevos, Nacho sigue repitiendo los relativos logros de años pasados, también están vigentes los escándalos: la muerte de los policías estatales levantados en Jalisco, nunca se aclaró; y los hechos en casa del entonces secretario de Turismo siguen impunes.

En la pandemia, el Gobierno del Estado no supo implantar programas propios. Para el apoyo a las empresas, por ejemplo, presentó un plan crediticio con tantas restricciones que, realmente, los interesados no pudieron acceder a los préstamos.

El único logro de Nacho en materia de salud es que se adelantó a las medidas de sana distancia. Pero no al decretar el cierre de escuelas y establecimientos comerciales una semana antes que el gobierno federal, como presume, sino con su actitud personal:

Desde el arranque de su gobierno, en febrero de 2016, y podríamos decir que desde su postulación como candidato y durante la campaña constitucional y la extraordinaria, JIPS fue un visionario en el distanciamiento social y en el uso del gel antibacterial, temeroso de que con el saludo le pasaran gérmenes.

Por lo demás, ¿qué resultado hubo de su aventura con el bloque de gobernadores federalistas?, ¿de qué valió todo lo que gastó en viajes a los estados secesionistas y en atender a cuerpo de rey a los mandatarios de la alianza?

TENDRÁN COSTOS POLÍTICOS:


La estrategia administrativa y financiera de Nacho Peralta ha dejado muchos agraviados. La afectación en sus prestaciones sociales al magisterio estatal y a los burócratas, dos de las principales clientelas del PRI, marca un retroceso en una historia de crecientes conquistas sindicales.

¿Qué cuentas le va a dar el gobierno priista de Peralta al Partido Revolucionario Institucional? Los resultados de su gobierno están asociados a la percepción que la gente tiene de ese partido. Si la administración fuera tan exitosa como plantea la publicidad por su quinto aniversario, el PRI estaría mejor posicionado y no a punto de perder el registro; no colgado de la fuerza electoral de otros partidos, para tratar de rescatar un proceso sucesorio que se ve perdido desde cualquier ángulo.

Se engaña el mandatario y lo engañan sus colaboradores. La principal medición no se encuentra en los medios de comunicación al servicio del gobierno estatal, que se dedican a reproducir boletines y publicar columnas por encargo. Nacho Peralta enfrentaría la realidad en esos espacios públicos donde hace tiempo no se para.

Ya sin desplegados a plana entera firmados por las cámaras empresariales, las organizaciones gremiales o los sectores productivos, el único aval y reconocimiento que recibe JIPS es el de los funcionarios de su gobierno. Hasta con el uniforme de trabajo, se toman la foto para publicar un machote de felicitación en sus redes sociales.

MARTHA SOSA:

Martha Sosa Govea renunció a su aspiración de ser la candidata del PRI-PAN-PRD a la gubernatura. Lo quiso hacer antes que se formalizara la nominación de la priista Mely Romero.

Más allá de la especulación que genera el silencio que guarda, su salida confirma la inviabilidad de la alianza. Su retiro de la carrera debe entenderse no como una ruptura con la coalición, sino como un reproche a las cúpulas de esos partidos ante un proceso tan desaseado.

Fueron muy groseros con una figura como ella que ya había sido candidata al gobierno estatal en 2009. Aun considerando que era una simulación, no cuidaron siquiera las formas. La contadora Sosa no merecía ese trato.

Son incomparables los perfiles de quienes presentaron como aspirantes a la candidatura común. Nada más por la trayectoria de quien ha sido alcaldesa y dos veces regidora del ayuntamiento porteño, congresista local, senadora y diputada federal, era lógico que en un sondeo Martha Sosa saliera arriba de Mely Romero.

No obstante que la priista ha sido diputada local, senadora de la república y subsecretaria del gobierno federal, Mely Romero es un cuadro identificado con el viejo régimen. En cambio, Sosa Govea fue una figura de oposición muy destacada en su momento, cuando el PAN estaba enfrentado al PRI.

A Martha la prestigió ser perseguida como alcaldesa, al grado de inahibilitarla por 10 años para ejercer un cargo público en el ámbito local. En ese sentido, fue un error haber participado en un remedo de proceso interno.

Resulta increíble que haya considerado la posibilidad de que el acuerdo político diera paso, en un segundo momento, a una legítima elección primaria. Probablemente vió algunas encuestas donde estaba arriba y se emocionó. Pero no contaba que los supuestos aliados del PAN están acostumbrados a imponer, ni que la alianza con el PRI era un asunto de cuotas y negociaciones, no de consulta a las bases. No debió esperar otra cosa de quienes manejan los destinos de ese partido, maestros de la simulación.

Su deslinde anticipó el resultado que, desde una indiscresión de uno de los dirigentes priistas, ya había salido a la luz: estaba decidido que Mely sería la candidata. Cuando se dieron cuenta que habían revelado el truco, trataron de darle credibilidad al proceso interno, pero no lo consiguieron. Todavía cuando se anunció oficialmente la postulación, un medio que comenzó siendo órgano partidista publicó la noticia como un hecho inesperado, cuando lo insólito hubiera sido que la candidatura fuera para la panista.

El retiro de Martha Sosa de la falsa contienda supone el tiro de gracia para la alianza. Mely Romero terminó siendo la candidata del agonizante PRI, y no se ve que el respaldo institucional del PAN se traduzca en una adopción de la candidatura común por parte de las bases del blanquiazul. Lo que será una desbandada de la militancia del PAN que es notablemente menor al grueso de sus votantes.

Por lo pronto, la gente de Enrique Michel, otro excandidato panista a la gubernatura, ya se fue a Movimiento Ciudadano. Acabaron entendiendo que el objetivo de los señores que manejan ambos partidos, no es ganar el gobierno del estado sino quedarse con las posiciones legislativas.

VUELVEN AL REDIL:


Al final, no será el senador Joel Padilla candidato a la gubernatura. Ya rota la alianza con el Verde, el Partido del Trabajo postulará a una mujer para cumplir el trámite. Y el desenlace es tan previsible como lo era la ruptura con el PVEM o la pretensión de Virgilio Mendoza que los petistas respaldaran su aspiración de ser gobernador: la candidata del PT terminará declinando a favor de Indira Vizcaíno.

La decisión se tomó en Ciudad de México. La dirigencia nacional le hizo ver a Joel Padilla que no se manda solo. Sus jefes le recordaron que si son aliados electorales de Morena, la alianza es en todos lados y no sólo en algunos estados. Si ya no fue posible la coalición en Colima, será entonces de facto.

Se especuló que, aun como candidata testimonial, podría ir Gricelda Valencia. La posibilidad que fuera la otra senadora de mayoría tenía más sentido que los rumores en torno a que sería la esposa de Joel o, bien, la cónyuge de Carlos César Farías. Luego empezó a mencionarse el nombre de la secretaria general de Gobierno con Silverio Cavazos y procuradora general de Justicia con Mario Anguiano, Yolanda Verduzco.

A nivel local, seguramente pensaron en las esposas de sus cuadros directivos por tratarse de una posición sacrificable, pero en la cúpula nacional del PT vieron quizá más dúctil el perfil de la senadora, ya que pueden presionarla con un eventual congelamiento en la Cámara Alta si se niega a cumplir lo acordado.

El PT en Colima tiene que disciplinarse a la línea nacional porque carece de fuerza real. Sus triunfos se los debieron siempre a otros partidos, actuando en lo federal como satélite del PRD y después Morena, pero en los comicios locales como apéndice del PRI. El escaño de Joel en el Senado lo ganó Lopez Obrador.

Los petistas en Colima tampoco construyeron una estructura operativa más allá del Instituto José Martí y los cendis, donde los padres de familia están cada vez más enojados por las cuotas.


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