Otro virus mortal


Al estado de Colima llegó primero el borolavirus que el SARS CoV-2. Mientras el primer patógeno produce un síndrome de estupidez y rabia enajenada, el segundo virus deriva en una enfermedad denominada Covid-19. Del segundo sabemos, por las estadísticas en China donde ya se completó el ciclo epidémico, que el 90 por ciento de los contagiados no presentarán síntomas y transitarán la cuarentena sin problemas, para salir inmunes de ella. En cambio, la tasa de pacientes con síntomas del borolavirus es muy elevada. El infectado desarrolla un odio patológico a López Obrador, y casi no hay sistema inmunológico que resista al contagio: Escuché a dos jovencitas que conversaban acerca del uso que le darían al dinero que cobraron por la beca Benito Juárez, cuando de repente una de ellas mencionó la serie de fotografías que se difundieron en las redes sociales donde se ve a López Obrador abrazar y besar a niños.

Una de las imágenes fue ‘photoshopeada’ con la mala intención de mostrar al Presidente como si mordiera el cachete de una pequeña, a riesgo de transmitir o contraer el coronavirus. Pero el truco cumplió su objetivo: “¡Viejo pedófilo!”, exclamó una de las chicas. “¡Lo odio!”, secundó la amiga.

DESCUBRIMIENTO MEXICANO

El borolavirus fue llamado así, obviamente, en honor del ex presidente Felipe Calderón que, en su cuarto de guerra de cuarta generación, identificó la región del cerebro reptil que controla las emociones humanas.

Las armas de la derecha, se ha dicho, son el miedo, el odio, la violencia y la desesperanza. Pero del relativo éxito de esta campaña de rencor, mucha culpa la tiene el propio López Obrador.

El discurso presidencial ha fluido a desfase de la política pública de salud y, mientras la OMS felicita al gobierno de la 4T por adelantarse e implementar acciones de la fase dos cuando todavía estábamos en la uno, se ha vuelto un lugar común en el mundo decir que López Obrador no quiere ser ejemplo en materia de aislamiento social.

La verdad es que fueron sacados de contexto buena parte de los videos donde el Presidente llama a darse la mano y abrazarse, invita a consumir en fondas o donde apela a medidas esotéricas de protección, como cargar amuletos o confiar en la fortaleza moral del pueblo mexicano. Sin embargo, es claro que AMLO, en su afán de contrariar a los catastrofistas, ha contribuido a esa percepción de un mandatario desubicado.

Con todo, es perfectamente comprensible la intención que tuvo el mandatario de aplazar hasta el último momento medidas tan extremas como el cierre de establecimientos y la suspensión de concentraciones, por el impacto que tendrá la parálisis económica en los millones de mexicanos que viven al día.

En su empeño por no alimentar la infodemia (esa sobreabundancia de información, alguna rigurosa y otra falsa, que supone en sí misma una epidemia cuyo mayor estrago es el desánimo colectivo), López Obrador se arriesgó a parecer indolente, incluso negligente.

Su apuesta por la ecuanimidad es alta pero hasta ahora ha resultado segura. Hasta Donald Trump aceptó que no puede prolongarse el distanciamiento social más allá de la primera quincena de abril, porque la pandemia está afectando los pilares del capitalismo: la producción industrial, la circulación de mercancías y el consumo de bienes y servicios. Por lo mismo, Jair Bolsonaro cambió su ordenanza fascista de retirar a la gente de las calles, y llamó a trabajar a los brasileños.

A aquellos histéricos que han estado pidiendo desde hace semanas el toque de queda en México, porque eso están haciendo otros países, les suena a loco un estadista como López Obrador que insiste en la gradualidad y racionalidad de las medidas. Sin embargo, le asiste la razón: todo a su tiempo.

CARRERA POR 2024

Cualquier discusión sobre la pertinencia o la insuficiencia de las medidas sanitarias que parta de un diagnóstico sobre la supuesta enfermedad mental de Andrés Manuel, no conducirá a ninguna parte. Aquí no cabe la defensa cívica de la institución presidencial. López Obrador ha probado que sabe defenderse solo. Y tampoco cabe una explicación política a toro pasado.

La derecha no está atrapada en la frustración de no haber podido frenar a Andrés Manuel en 2018, como lo hicieron seis y 12 años atrás. Estamos viendo una post campaña convertida en precampaña. Sin embargo, el conflicto político no va a terminar con un exhorto a dejar atrás la contienda electoral –¡ya supérenlo!– y unirnos por el interés nacional, porque asistimos a actos anticipados de campaña rumbo a 2021 y, al final de cuentas, con miras a la sucesión presidencial.

El dilema para el votante en los próximos comicios será ratificar al régimen de la 4T o rechazarlo, despojando a Morena y sus aliados de la mayoría en la Cámara de Diputados e impidiendo que llegue la cuarta transformación a los estados donde renovarán gobiernos locales.

Precisamente, capitalizar el descontento contra López Obrador es lo que se propone el alcalde de Colima, Leoncio Morán, cuyo nicho de candidato reaccionario en el mercado electoral sólo podría ser disputado por un eventual candidato del PAN (si el blanquiazul y Movimiento Ciudadano no se coaligaran) y por un abanderado del PRI que, todo indica, será meramente testimonial.

Es oportunismo político el de Locho porque, en la elección de 2018, Morán Sánchez deshizo a nivel local la alianza PAN-MC-PRD, tomó distancia de Ricardo Anaya y se vendió como un candidato lopezobradorista de facto al decir que coincidía en muchos puntos con la agenda de Andrés Manuel. Pero ahora, como franquiciatario de MC en Colima, Locho se pliega al proyecto de Enrique Alfaro, el mejor ejemplo de futurismo político en la oposición.

UNA SEMANA ANTES

El gobernador de Jalisco está en campaña para el 2024, y utiliza la bandera del coronavirus con ese fin. Protagónico, Enrique Alfaro ha venido insistiendo en que se adelantó a las medidas de aislamiento social por la pasividad del gobierno federal.

Ojalá la curva de la epidemia se mantenga plana y el mandatario jalisciense no se vea obligado a levantar el estado de sitio justo cuando la tasa de contagios o, peor, de decesos alcance su pico en la entidad vecina.

Se calcula que el ciclo del Covid-19 dura seis semanas, pero no hay economía que resista una parálisis siquiera de tres. Y, por decisión del Gobernador, el aparato productivo jalisciense detuvo su marcha una semana antes que lo hiciera el de Ciudad de México.

Alfaro Ramírez fundamenta el toque de queda en investigaciones realizadas por la Universidad de Guadalajara, pero en los municipios alejados de la zona metropolitana los grupos delincuenciales operan el cerco sanitario: nadie sale y nadie entra a los pueblos vigilados por halcones.

LINCHAMIENTO MEDIÁTICO

Como toda pandemia, el Covid-19 saca lo peor de la gente. Son indignantes las muestras de racismo, clasismo y discriminación por enfermedad que hemos visto en los últimos días, injustificables aun cuando se escuden en un miedo al contagio.

El linchamiento mediático de un joven porteño que cometió el error de solicitar al Sector Salud un examen para detectar la infección, evidenció los niveles de intolerancia e indecencia a los que podemos llegar.

Diversas páginas web publicaron la hoja de registro sin tachar el nombre del paciente ni su número de seguro social. El afectado se vio obligado a compartir un video en sus redes sociales para explicar que no está enfermo y que, incluso aun si lo estuviera, no representa un peligro para amigos y familiares porque voluntariamente se aisló en casa.

La oficina de Comunicación Social del Gobierno del Estado publicó una aclaración en donde desmiente que se trate de un nuevo caso de coronavirus. Bien hecho, aunque seguimos a la espera de que se proceda contra el trabajador de Salud que filtró el documento, atentando contra el derecho del joven a la privacidad de sus datos personales.

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