Ojo de Mar

Mexicana universal Con tan mala puntería -en realidad se trata de un error de planeación-, el mismo día en que se celebraba la etapa final del certamen Miss Earth México 2018 en la explanada del Pez Vela en Manzanillo, en los estudios de TV Azteca en la Ciudad de México se realizó la última gala del concurso Mexicana Universal 2018. Independientemente de la disparidad en recursos para la producción y en la proyección que alcanzó cada evento, el mal tino de hacer coincidir las fechas se acentuó con el resultado. La ganadora del título con el que a partir de este año se maneja la franquicia propiedad de la ex Miss Universo Lupita Jones, fue la representante de Colima, Andrea Toscano, mientras que el título que maneja Paul Marsell desde su casa matriz en Cancún fue para la participante de Michoacán, Melissa Flores. En su larga historia de concursos de belleza, Colima nunca había ganado el reinado en ninguna de las franquicias que han operado el clasificatorio oficial para Miss Universo y Miss Mundo, como Señorita México, Señorita Turismo México, la Modelo del Año o Nuestra Belleza (NB) México. NB México se llamó el certamen desde que Lupita Jones se asoció con Televisa en 1994, para suplir (con la empresa Promocertamen) la estructura del Miss México que había fundado Carlos Guerrero en 1952 y que fue operado por Mónica Marbán durante tres décadas. En 2018 nace Mexicana Universal con la asociación de Jones con la empresa de Ricardo Salinas Pliego, luego que el año pasado Televisa cerrara su filial porque el evento era muy costoso y ya no resultaba negocio. Colima tampoco ha ganado el título de Miss Earth México, cuyos objetivos no son tanto exaltar la hermosura como promover una conciencia ecológica y la protección del ambiente. Si bien, nativas colimenses o muchachas avecindadas en el estado ganaron o fueron finalistas de otros muchos títulos que les han dado a esas chicas el derecho a representar a nuestro país en certámenes con nombres tan específicos como Miss Teen Jeans. Reina de la tierra Aunque las distintas etapas (traje típico estilizado y traje con materiales reciclados) del Miss Earth México tocaron municipios como Comala y Villa de Álvarez, la cobertura periodística del certamen que se desarrollaba en el estado fue perdiendo fuerza a medida que la representante colimense avanzaba en el reality show de Azteca. Al final, hasta la propia autoridad estatal que invirtió los escasos recursos que se tienen para la promoción turística en el concurso de Paul Marsell (destinando un apoyo meramente simbólico para apoyar las aspiraciones de Andrea Toscano), casi olvidó que era anfitrión del Miss Earth y se concentró en el seguimiento informativo de Mexicana Universal. Casi a la misma hora que se anunció el triunfo de la guapa armeritense, propalado por las redes sociales del Ayuntamiento, se decidía a la ganadora del Miss Earth. Y huelga decir, que en sus ediciones del lunes, la prensa local le dio más peso al certamen de TV Azteca que al de la Secretaría de Turismo de Colima, por obvias razones. La trascendencia de un certamen cuya sede se pidió para impulsar a la industria hotelera y restaurantera del estado, se acabó diluyendo por un suceso ambiguo: en la ciudad de México ganó la colimense (una estudiante de Nutrición en la Universidad de Colima) y ya a nadie le importó lo bonito que lucía Manzanillo en las pantallas gigantes del Pez Vela. Un negocio televisivo El televidente mexicano olvida que no ha habido una continuidad institucional en los concursos de belleza. En la década de los sesenta hubo varios años en los que no se celebró el Señorita México. Estos certámenes fueron creados desde el poder, durante la presidencia de Miguel Alemán Valdés, quien ya fuera de Los Pinos y como titular del Consejo Nacional del Turismo, mantuvo cierta injerencia sobre las filiales locales de Miss Universo y Miss Mundo. El Señorita México (y en su momento el Señorita Turismo México) fue seguido por el público a través de los canales de Telesistema Mexicano, y luego de 1973 a través del programa “Siempre en Domingo” que conducía Raúl Velasco. Los intereses de la familia Alemán en la televisora estaban representados por su hijo Miguel Alemán Velasco, quien llegó a ser vicepresidente ejecutivo y, durante un par de años, presidente de Televisa. El exgobernador de Veracruz está vinculado a la mitología del Miss Universo, porque se casó con Christiane Magnani, una francesa que ganó ese título y que luego incursionó en el cine mexicano con su apellido materno: Martel. El glamour inherente a la corona y el cetro, símbolos monárquicos que contrastan con la muy republicana banda que cada reina de belleza porta y que la acredita como la mujer más hermosa de su demarcación, ha sido desmitificado por novelas como Señorita México (Seix Barral, 1987). En esta sátira, el escritor Enrique Serna narra las vicisitudes de Seleney Sepúlveda, Señorita México 1966, quien cuenta su vida a un reportero de espectáculos que “la exhibe como un adefesio” (según reza la publicidad de la editorial). Pero también por testimonios como el que Lupita Jones plasma en su libro autobiográfico, Palabra de Reina (Espejo de México, 1993), donde exhibe las irregularidades que se daban en el certamen y que contribuyeron a que los tenedores originales de la franquicia (Carlos Guerrero y Mónica Marbán) perdieran paulatinamente su enlace con Miss Universe y Miss World. Jones, quien fuera en 1991 la primera Miss Universo mexicana (conocida entonces como Miss TLC), fue entonces responsable de la transición de Señorita México a “Nuestra Belleza México” (una marca que Televisa ya había explorado con su filial Univisión en Estados Unidos como “Nuestra Belleza Latina”), y ahora es la protagonista del paso de Televisa a TV Azteca que se materializa en la primera edición de Mexicana Universal. Miss Terroncito de Azúcar A las organizaciones que pugnan por la equidad de género nunca les han gustado los concursos de belleza. Alguien llegó a decir que hacían desfilar a las jovencitas por una pasarela de la misma manera en que se exhibe en una exposición ganadera a la mejor vaca lechera. Que el magnate Donald Trump haya sido propietario de la marca Miss Universe, no ayuda en nada a quitarle al certamen ese tufo sexista ni la sospecha de estar sirviendo al negocio de trata. Para aliviar las presiones feministas, los organizadores han disfrazado la elección de lo que en la CNC llaman la “Flor más bella del ejido”, con una discursiva pro derechos humanos o, en este caso, a favor del medio ambiente. También han convertido a los hombres en el mismo objeto de deseo al que redujeron a las mujeres desde que se inventaron los harenes, organizando concursos de belleza donde el ganador del título de Mr. Universe ya no es un toro de músculos hipertrofiados sino el chico fitness que más se acerque al ideal metrosexual. Al final, se trata de lo mismo: elegir a la mujer más guapa (o al hombre más apuesto), más carismática y con mejor proyección escénica. Porque la aspiración de muchas de las concursantes es convertirse en modelos, actrices o cantantes. Con su formato de reality show, Mexicana Universal incorporó un nuevo factor a la antigua selección de la muchacha en función de su atractivo físico. Ahora también gana puntos la que tenga mejor historia de vida. Y la narrativa de una pequeñita que, tras el divorcio de sus padres, tuvo que hacerse cargo a los 12 años de la crianza de sus hermanitos, superó en dramatismo a la anécdota de la mesera a la que criticaban por “huarachuda” o al relato de una beldad que sufrió violencia emocional por parte de su novio. Cabe decir por último, que antes de tener una soberana con derecho a ir a Miss Universo, Colima ya había inventado los mejores títulos disponibles en el imaginario de los concursos de belleza: “Miss Terroncito de Azúcar”, que se entrega en Quesería a la niña más bonita, y “Señorita Table Dance”, que por años se entregó en el bar Los Ciruelos a la mejor desnudista profesional de la región. Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com. Esta columna también se puede leer en: www.carvajalberber.com

Carvajal Berber

Acompañado por la candidata a regidora por Colima Martha Nava, el candidato a diputado local por el tercer distrito, Carlos César Farías, visitó la colonia del Mirador de la Cumbre II para verse cara a cara con los vecinos y poder escuchar sus necesidades y platicar del proyecto que tiene[…]

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