OJO DE MAR

April 18, 2018

¿QUIÉNES SON LOS AGRESORES?

Los antecedentes (uso de grupos de choque, auténticas guardias blancas, para defender los intereses del concesionario de la caseta de peaje en Cuyutlán) hacían temer cierta intimidación e incluso violencia en contra de los manifestantes. 

Pero ninguno de los reporteros que cubrieron la protesta del domingo y fueron testigos del acoso de supuestos activistas a cuatro de sus compañeros, se prepararon para un escenario en donde el principal riesgo lo correrían los periodistas.

Por lo demás, cabe la posibilidad de que los agresores hayan sido esquiroles, infiltrados en este caso con el objetivo de desacreditar a los inconformes por la tarifa y no, como suele ocurrir en este tipo de movimientos sociales, para reventar la manifestación. 

Eso se sabrá cuando se establezca la identidad de quienes atacaron específicamente a la corresponsal de TV Azteca y a su camarógrafo. Siempre y cuando las autoridades integren una averiguación para deslindar la responsabilidad de los organizadores de la protesta, quienes insisten en que ellos no dieron línea para atacar a los reporteros.

El gremio reporteril en Colima, a título personal y sin comprometer las empresas donde trabajan, cerró filas en torno a los compañeros agredidos verbal y físicamente: Fátima Nataly Vázquez Garay, corresponsal de TV Azteca, y su camarógrafo Jonathan López Corona; así como con la corresponsal de Televisa, Bertha Reynoso, y el reportero de Contexto Colima, Luis Alberto Rosales de la Mora, quienes sufrieron hostigamiento por parte de los mismos agresores.

Es lamentable que los manifestantes justificaran su actitud como una respuesta al sesgo informativo que, a su juicio, ha dado TV Azteca en sus noticieros (contenido en el cual la corresponsal y mucho menos el camarógrafo tienen injerencia). 

Ya por sí para muchos periodistas es complicado acreditar el medio para el que están cubriendo acontecimientos como el del domingo, porque lo hacen para distintos empleadores; a veces también reportean para sus propios micro-medios. 

Lo cierto es que, al menos en Colima y fuera de autoridades celosas de la presunción de inocencia de los detenidos o temerosos de que se publique información falseada en áreas como la seguridad pública, cuando ya no pueden como antaño distribuir el parte policial, el reportero casi nunca tiene por qué explicar su presencia en una escena.

 

TODOS NOS CONOCEMOS:

En un ecosistema de comunicación como el de Colima donde “todos nos conocemos”, los políticos profesionales no tienen problema para entender la sana distancia que existe entre la conciencia del periodista y la línea editorial del medio para el que reporta o levanta imágenes. 

Y los actores sociales que no tienen experiencia como figuras públicas aprenden, a veces después de provocar una rencilla personal con un periodista, que no deben culpar al mensajero.  

Sin embargo, la polarización de las posturas ideológicas es una característica de la coyuntura electoral de 2018. A la movilización política se han incorporado muchos ciudadanos furiosos que no solo carecen de civilidad sino de la mínima educación. 

No pretendo justificar la bajeza de los agresores. Pueden haber tomado la caseta como parte de una lucha cívica, sin que por eso dejen de ser unos patanes. No obstante, la guerra sucia y las campañas de desinformación también son una constante en estos comicios. 

El drama que vimos desarrollarse el domingo en la caseta bien pudo tratarse de un engaño a los medios. ¿Quisieron tomarle el pelo a los informadores no sólo con noticias falsas o declaraciones tramposas, sino con una auténtica puesta en escena? Si es así, ese sujeto de la gorrita y el joven manco son buenos actores, tan buenos como los que presentaba Laura Brozo en su programa.  

 

LOS MIRONES SON DE PALO:

Qué otra cosa podían hacer los reporteros que cubrían la liberación de la caseta de Cuyutlán, además de proteger a riesgo de su propia integridad a los compañeros agredidos, como hizo Pedro Zamora, corresponsal de Proceso, con su colega de TV Azteca? 

Partamos del hecho de que los periodistas no estaban ahí para falsear la realidad; acudieron a la convocatoria de buena fe. 

El Protocolo de Seguridad para Periodistas en Situación de Alto Riesgo que redactaron las organizaciones de periodistas y de derechos humanos con las autoridades del estado de Chihuahua en 2010, contempla las siguientes recomendaciones específicas en casos de protesta y desorden civil:

  1. Permanezca alerta ante dispersiones con gas lacrimógeno o artefactos incendiarios. Equípese con toalla y agua.

  2. Identifíquese visiblemente como periodista.

  3. Trate de no quedar en la mitad de los enfrentamientos.

  4. No tome partido por ningún bando involucrado.

Los reporteros que cubrían la liberación de la caseta se creían en riesgo de quedar en medio de enfrentamientos, teniendo por un lado a una turba formada por motociclistas, traileros y otros usuarios de la autopista, casi todos de fuera del estado, enojados por el elevado cobro que se ha venido aplicando desde hace casi 30 años con la posibilidad de que continúe el peaje hasta después de 2050. Y, por otro, a una panda de rompehuelgas disfrazados de empleados de la concesionaria.

Había confianza por lo demás en que la policía federal o las fuerzas armadas no intervendrían. No había que temer, entonces, al uso de gas lacrimógeno o balas de goma. Y aunque episodios previos indicaban el uso de grupos de choque, ingenuamente pensábamos no se atreverían a actuar frente a la prensa. No imaginaron los reporteros que el blanco no serían los manifestantes sino los testigos de calidad.

 

PERIODISMO SIN ETIQUETAS:

He visto a muchos compañeros acudir a ruedas de prensa e interrogar a los declarantes como si fueran abogados del diablo; erigidos los reporteros en defensores del poder político o económico que en esa ocasión se denuncia, contradiciendo descaradamente a quien les invitó el desayuno. 

Pero no fue esta conducta poco profesional la que vimos en la caseta de Cuyutlán, porque los medios nacionales exigen un cierto rigor en la cobertura que los medios locales toleran o simplemente enmiendan en la mesa de redacción.

Confío en que los reporteros televisivos no tomaron partido al poner los micrófonos frente a los manifestantes. Pero difícilmente podrían negar que las empresas para las que trabajan manejaron, desde varios días antes, una línea editorial en donde la información de los corresponsales quedaba supeditada a la narrativa establecida por un plan de medios contratado por la concesionaria a un alto costo, para el control de daños a su imagen.

Lo que no imaginaban las corresponsales de las grandes televisoras privadas del país es que supuestamente los manifestantes harían valer su derechos como audiencia, vetando la presencia de las reporteras de TV Azteca o Televisa en el lugar, exigiendo su retiro por la fuerza. 

Tampoco imaginaron que identificarse como trabajadores de esos medios sería tomado como agravio. En el colmo del absurdo, en medio de la refriega algún manifestante y no pocos reporteros buscaron conciliar posiciones sugiriendo a la reportera de TV Azteca que se retirara y volviera sin los logotipos de la empresa de Ricardo Salinas Pliego bordados en la ropa. 

Como los candidatos de los partidos que se avergüenzan de los partidos que los postularon y niegan su militancia, ¿los periodistas tendremos que aprender a reportear sin identificación?

 

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com. Esta columna también se puede leer en el sitio www.carvajalberber.comy en sus redes sociales.  

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